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A uno de mis hijos cuando tenía 7 años le gustaba una chica, le llevaba piedras bonitas que él tenía o buscaba para ella, chuches, cositas con purpurina, lazos... una relación preciosa, dibujaba corazones, casitas, árboles, dinosaurios con purpurina y en los recreos solía estar con las chicas porque escuchaban música, bailaban y bueno, otras conversaciones... Pero los compañeros de su clase se reían de él porque no quería jugar al fútbol. Sobre cuánta presión aguantó nunca nos dijo nada verbalmente, pero sus dibujos sí hablaban: manos con uñas puntiagudas, boca y dientes, animales ensangrentados, espadas y armas de todo tipo… De repente un día comenzó a jugar al fútbol, se juntó con la pandilla de líderes, empezó a hacerse el gracioso en clase y a traspasar límites... se metió en varios líos no muy graves y siempre estaba allá donde había algún problema, todos los días volvía afónico del cole a las tardes, se le pasaba el fin de semana hasta el lunes otra vez… Por supuesto nos llamaron del colegio, la tutora, la psicopedagoga… le llevamos al foniatra, hablamos mucho con él, revisé sus dibujos (demonios, tiburones con enormes dientes, armas sangrantes…), le ayudé a redactar cuentos y escribió historias de personajes envueltos en interminables batallas, puf… agotador! (he de reconocer que ser arteterapeuta me ayudó bastante con él).
Continúa...